lunes, 8 de febrero de 2010

Ambición rubia e ilimitada.Madonna es una sofisticada máquina de hacer dinero, pero se le resisten los 'negocios' sentimentales. Tampoco ha funcionado con el modelo brasileño Jesús Luz. El veinteañero la ha plantado

Por más que ella lo haya repetido infinidad de veces desde lo más alto de las listas de ventas, aunque se le haya aparecido Jesucristo en el escenario y no pocos exclamen 'Ave María Purísima' al verla, cuesta creer que Madonna es como una virgen (Like a Virgin). Ahora bien, de lo que no dudaría ni Santo Tomás es de que no miente cuando se confiesa una chica material (Material Girl). La que más: una poderosa multinacional de hacer dinero, y de gastarlo, que roza la obscenidad y escandaliza, pero no tanto por la letra de sus canciones como por los números de su fortuna.

Los expertos en sacar cuentas estiman que la ambición rubia ha llegado a los 51 años con un botín de unos 300 millones de euros. La cifra, 50.000 millones de las extintas pesetas, viene a ser lo que costó el nuevo Real Madrid; el de Kaká, Ronaldo o Xabi Alonso. Casi nada.
«He trabajado como una mula durante treinta años para conseguir lo que tengo», aclara de entrada la aludida a quien pudiera mal pensar que lo suyo ha sido coser y cantar. O quizás sí... Porque a la música y a la moda les debe su récord de ser la cantante con mayores ingresos anuales de la historia. Sólo con la primera parte de su gira 'Sticky & Sweet' sumó 166 millones de euros en 2008; después de toda la vida con Warner Music, también ese año pasado firmó un contrato con la promotora Live Nation Inc. que le reportará en una década otros 82 millones; más los derechos de retransmisión de conciertos, más los 5 millones de su ficha de modelo, más los 7 que puede cobrar por recital privado, más el acuerdo con la cadena de ropa H&M, más su caché de actriz... Total, que en un año de crisis como el 2008, Madonna vino a ganar según la revista Forbes unos 85 millones de euros. Valgan de nuevo las comparaciones, odiosas pero certeras: Celine Dion se quedó en 77. Hasta pudo con el Boss y sus 50 millones.

Prefabricada

No sólo ella misma se pregunta quién es esa chica (Who's that girl?). El caso es digno de estudio. Y de envidia. Robert Thompson, profesor de la Universidad de Syracuse, se ha dedicado al menos a lo primero y ha concluido que Madonna es «una empresaria extraordinariamente brillante en el negocio de la cultura». Con menor fundamento científico, Mick Jagger la definió como «un vaso de inteligencia en un mar de ambición»; vaso que otros ven medio vacío. Su hermano Christopher la retrata como una «obsesiva del control, capaz de dejarte en la más absoluta de las estacadas». Y a Joni Mitchell, cantautora canadiense, le parece prefabricada, sin más mérito que saber «contratar a la gente correcta». Gracias a esta habilidad, antes que a su discreto metro sesenta, «ha conseguido gran cantidad de dinero».
Desde luego, hoy le alcanza de sobra para comprarse aquella Isla bonita que tan famosa hizo en 1987, y de hecho acumula infinidad de propiedades. Aunque Madonna Louise Veronica Ciccone Fortin, que así de ostentoso es su nombre completo, nació en Michigan en 1958, se mudó a Londres en el 2000 al casarse, en segundas nupcias, con el director de cine británico Guy Ritchie. Pagaron diez millones de euros por una vivienda en el acomodado barrio de Marylebone, pero, al parecer, sus doce habitaciones pronto se quedaron pequeñas para la pareja y sus dos hijos, Rocco y David Banda: la cantante compró, a veinte metros, una segunda casa, por la que desembolsó ocho millones y donde instaló su gimnasio particular.
Mientras perdía grasa, engordaba sus propiedades. Madonna, que en 1996 fue madre por primera vez con su entrenador personal, es dueña también de un edificio en West End valorado en 4,6 millones, que usa como sede la sociedad judía Kabbalah. La misma comunidad ocupa su casa de cinco pisos en Regents Park, tasada en otro par de millones. Y algo más vienen a costar cada uno de los dos apartamentos que posee en Manhattan. Deslumbran con vistas a Central Park, pero no resisten la comparación con la mansión de Beverly Hills (11 millones de euros) o la que tuvo en Wiltshire, al suroeste de Inglaterra. Con ocho cuartos de baño y 40 hectáreas de bosque, la compró en el 2001 por 12 millones de euros y en el 2008 se la entregó a su esposo como parte del divorcio.

«Sólo quería mi dinero»

Porque quizá lo que menos rentable le ha salido a la reencarnación cinematográfica de Evita hayan sido sus amores. Parece decantarse por inversiones sentimentales a corto plazo y de alto riesgo: su primer matrimonio, con el actor Sean Penn, duró cuatro primaveras; y no llegaron a ocho las del segundo con el cineasta británico, aunque, a priori, ofrecía mayores garantías. Entre los cien ingleses más acaudalados, Ritchie creció en un palacio donde durmieron los reyes George IV y William IV. La ambición rubia, no obstante, asegura que no se enamoró de él al ver su chequera, sino su «torso desnudo».
La boda costó 3 millones de euros, pero Madonna los dio por bien empleados porque «estaba viviendo un viaje espiritual». Hasta que un mal día descubrió que «él sólo quería mi dinero». Estalló una crisis que noqueó el patrimonio de la cantante. El divorcio le ha costado 77 millones de euros: 2,6 en metálico, la mansión de Wiltshire y un pub que adquirieron en Londres por cuatro millones.
Pese a semejante desfalco emocional, la reina del pop y de la estridencia volvió a intentarlo. Esta vez con un veinteañero, el modelo brasileño Jesús Luz, al que conoció a comienzos de 2009 en una sesión fotográfica. El mozo le costó al principio mil dólares a la semana en clases de inglés. Pero ni por ésas. Porque todo apunta a que Luz ha pasado ya a ilustrar el colorido álbum de ex de Madonna.
Fuente:larioja.com

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